En los últimos meses falsas cooperativas y entidades fraudulentas ofrecen servicios de crédito de manera ágil y sin muchos requisitos, volviéndose populares entre los colombianos como una opción para solucionar sus necesidades de liquidez. Sin embargo, detrás de estos ofrecimientos está una distorsión total de lo que es una verdadera cooperativa.

Es cierto que la Supersolidaria supervisa la actividad de las cooperativas que ofrecen servicios de ahorro y crédito en Colombia y que la Superfinanciera hace lo propio con las cooperativas financieras; así, la primera regla de oro antes de asociarse es verificar con estas entidades, si la cooperativa de su interés está bajo su vigilancia, para facilitar la consulta, la Superersolidaria tiene esa información en su página web. Otra medida necesaria es la verificación de información vital como la antigüedad de la entidad, información financiera registrada en su informe de gestión, número de asociados, infraestructura, oficinas, canales de atención con probada disponibilidad, estando dentro de éstos últimos la línea de servicio al cliente, página web, entre otros.

Además de las Superintendencias existen algunos indicios que pueden alertar sobre falsas Cooperativas:

– Generalmente ofrecen crédito fácil mediante tarjetas o panfletos, sin trámites y sin codeudor a empleados públicos o pensionados (para garantizar la libranza).

– En ocasiones no tienen una oficina física sino que todos los trámites se hacen por correo electrónico o por teléfono.

– No ofrecen un portafolio de productos y servicios a sus asociados sino exclusivamente ofrecen crédito.

– Ofrecen productos de inversión a terceros, bien sea invirtiendo directamente en la cooperativa, o bien a través de una sociedad que ofrece atractivas tasas de rentabilidad, fruto de un negocio de compra y venta de “cartera con libranza”.

– Los supuestos asociados no participan de Asambleas, no votan, no eligen, no conocen sus derechos y deberes como asociados, no conocen los estatutos de la cooperativa.

Por otra parte, las verdaderas cooperativas de ahorro y crédito han demostrado ser la mejor opción para acceder a servicios financieros y diversos beneficios en materia de salud, educación, recreación, e incluso pólizas de seguros a bajo costo, a los que muchos asociados no podrían acceder por cuenta propia.

Las cooperativas son empresas sin ánimo de lucro, sus asociados son personas con necesidades comunes, que ven en la gestión solidaria un camino para suplirlas. Cada entidad tiene una revisoría fiscal, e internamente la Junta de Vigilancia realiza el control social. Las decisiones se toman dentro de un Consejo de Administración nombrado democráticamente por la Asamblea General de Asociados, lo que garantiza su transparencia. Así mismo, la información más relevante de la cooperativa, incluyendo sus informes de resultados suelen publicarse abiertamente en medios como su página web, algo que no ocurre en las llamadas, cooperativas de papel.

En relación con su gestión social, hay que decir que parte de los excedentes que generan las cooperativas se reinvierten en los asociados en forma de beneficios,  a través de actividades educativas, de formación, recreativas, deportivas, culturales y de salud.

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