¡ORIENTE ANTIOQUEÑO VIVO Y PRODUCIENDO!
SOLIDARIAMENTE LE GANAMOS AL COVID19

Oriente de Antioquia, 13 de abril de 2020
En el año 2009 se creó en el Oriente antioqueño una Red de Organizaciones campesinas en el marco del Laboratorio de Paz promovido por los municipios, la Gobernación de Antioquia, el gobierno nacional, la Unión Europea y algunas ONG como la Corporación CEAM, FUSOAN, PRODEPAZ, entre otras. Durante más de 7 años esta red trabajó intensamente en torno a la asociatividad, la economía solidaria, la producción sostenible, la comercialización, el consumo responsable. Sin embargo, debido a razones diversas, pero especialmente al poco interés por parte del estado en este tipo de iniciativas, la red se fue desintegrando hasta casi morir.

Hoy, cuando el Covid-19 nos coloca un enorme reto en materia de salud y alimentación, renace la Red y ahora con muchas más organizaciones de nuestra región. Tenemos los mismos propósitos, pero ahora adquieren mayor fuerza dos objetivos que son fundamentales en esta coyuntura:

  1. contribuir al abastecimiento alimentario propio y de otras familias y comunidades; y
  2. proteger y salvaguardar los intereses de las familias campesinas que representamos, para que se atienda de manera oportuna y adecuada a esta población que ha sido por décadas abandonada pese a ser la responsable de alimentar al resto, hecho que en esta crisis se ha podido evidenciar como nunca antes.

Manifestamos a través de este comunicado algunas situaciones que se han venido presentando:

• Con el propósito de aportar a las soluciones en medio de esta crisis, hemos decidido de manera conjunta en un trabajo en Red y con apoyo de la Corporación CEAM, TEJIPAZ Granada y ASPHOR Rionegro, iniciar un ejercicio de suministro de mercados a domicilio en los municipios de la región y en el Valle de Aburrá. Ejercicio que, aunque interesante y gratificante, ha resultado ser muy dispendioso y requiere del apoyo de los gobiernos locales y departamental.

• Nuestras acciones de producción, transformación y distribución de alimentos las estamos haciendo las organizaciones de la Red a partir de ejercicios legítimos con nuestros propios recursos. Sin embargo, la mayoría de los productores no tenemos una existencia formal real que nos permita movilizarnos para llevar nuestros productos a los mercados y clientes. Muchos hemos sido detenidos por la policía con la amenaza de que seremos amonestados.

• Tanto frente a la movilidad intermunicipal como a la de distribución urbana se han pensado opciones de solidaridad con servicios particulares, pero no hay claridad sobre los documentos que deben presentar las personas que desarrollan actividades de transporte y distribución, en este caso ligadas al proceso social que como Red venimos realizando.

• Los costos del transporte se han elevado entre tres y cuatro veces. Eso incluye los transportes veredales, así como los transportes intermunicipales, y son costos que tenemos que asumir los productores.

• El gobierno nacional ha seguido fortaleciendo la importación de alimentos, aún cuando esta crisis ha podido demostrar la importancia de la producción local y la necesidad de proteger la soberanía alimentaria.

• Se desconoce la forma en la que se deben establecer protocolos claros de bioseguridad a lo largo de todo el circuito que nos permita a los productores acercarnos, sin riesgo, a los medios de transporte y formas de comercialización y/o distribución en general, al igual que la garantía para la
salud de las familias que los consumen.

• La información que se ha divulgado hasta el día de hoy sobre el funcionamiento del abasto alimentario, permanece sesgada a los intermediarios y grandes productores que históricamente han apropiado el trabajo de las comunidades campesinas.

• A propósito de información, en muchos lugares de nuestra región no hay señal de celular, no hay conectividad, ni existe ninguna alternativa para la comunicación, razón por la cual muchas comunidades están completamente aisladas.

• Esta crisis nos ha servido para darnos cuenta que ha sido un error inmenso por parte nuestra y por parte del estado, haber convertido muchas de nuestras fincas en cultivos comerciales, dejando de sembrar para el autoconsumo. Necesitamos volver a sembrar para nuestra seguridad alimentaria, aunque tengamos un cultivo comercial.

Es así como proponemos a los gobiernos locales, al gobierno departamental y al gobierno nacional, que para hacerle frente a la crisis originada por el Covid-19, nos escuchen como la voz del pueblo y la voz del campesinado y que nos tengan en cuenta para contribuir a la solución de los problemas de abastecimiento alimentario, esencial para toda la población, especialmente las urbanas de nuestros municipios y de las grandes zonas metropolitanas.

Entendemos que la prioridad hoy es sacar adelante los planes de emergencia que se han trazado para mitigar y salir de la crisis sanitaria que atravesamos ante la expansión del virus. Llamamos la atención sobre el campo y sus familias campesinas, incluidas los pescadores artesanales y las minorías étnicas, para que seamos tenidas en cuenta en los programas de bioseguridad de modo que nos protejan y blinden de la posible contaminación proveniente de personas citadinas, sin que
perdamos la movilidad, la capacidad de trabajo, la provisión de insumos y la venta de nuestros productos a precios justos.

Consideramos que la reactivación económica de la mayor parte de los municipios tiene el sustento en nuestra capacidad productiva, en la transformación y comercialización de nuestros productos, en la generación y estabilidad del empleo y la actividad constante y dedicada de las familias campesinas en sus unidades productivas.

Invitamos a proteger nuestros sistemas productivos y rogamos darle un lugar significativo en los programas y proyectos que están en discusión y aprobación, tanto en los planes de emergencia como en los Planes de Desarrollo. Muchas de las personas que nos gobiernan y administran poco saben del campo, de nuestras condiciones de vida, de la atención a nuestras reales necesidades y por ello reclamamos nuestra participación en todas las decisiones que nos incumben.

Invitamos a que además de postergar las fechas de aprobación de los Planes de Desarrollo, se oriente a las administraciones municipales y departamentales a incluir estructuralmente la atención de la fuerte crisis y la recesión económica por venir, con la atención preferencial a los más vulnerables, así como a ver la oportunidad de reconocer nuestros Derechos y darnos un lugar significativo a los campesinos y a la agricultura campesina, familiar y comunitaria, a la hora de ajustar los planes, programas, proyectos y presupuesto para el periodo 2020-2023.

Parece ser que el pueblo colombiano y muchos alcaldes y gobernadores han entendido el papel crucial que tiene la población rural para garantizar la seguridad alimentaria de todos, y eso nos ilusiona y nos da esperanza. Pareciera que ahora sí ha llegado el momento de que nos valoren y que puede haber un cambio significativo en las relaciones Campo – Ciudad y Productor-Consumidor. Esperamos sea cierto.

Requerimos de los decisores, mucha inventiva, creatividad y consideración para atender el campo y los campesinos, con quienes se garantiza el alimento en la mesa de todos los colombianos, con quienes se genera la seguridad alimentaria a todos y se brinda el abastecimiento interno, garantizando nuestra soberanía alimentaria.

Creemos que las propuestas están identificadas y lo que se requiere es voluntad política para sacarlas adelante. Muchas de ellas las identificó el PNUD en un documento llamado Colombia Rural: Razones para la esperanza, publicado en 2011, los profundos estudios de la Misión Rural, los Acuerdos de la Habana, los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, Resoluciones sobre la Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria, Circulares de la Procuraduría General de la Nación, estudios de Universidades y hasta Ordenanzas departamentales y Acuerdos municipales. Solo pedimos que estas normas se cumplan y se materialicen, con presupuesto suficiente o al menos significativo, en proyectos y programas.

Estamos de acuerdo y nos identificamos con las propuestas planteadas frente al Covid-19 en reciente comunicado del 7 de abril, hecho público por la Red Nacional de Agricultura Familiar, RENAF, de la cual somos parte. Y como organizaciones representantes del campesinado del Oriente antioqueño, hacemos las siguientes propuestas específicas:

1. Las organizaciones vinculadas a la RED DE BIOCOMERCIO (afiliadas a la Red Nacional de Agricultura Familiar RENAF) instamos a los gobiernos locales y regionales a facilitar el transporte de nuestros productos, organizando viajes coordinados y utilizando los transportes que estén a nuestra disposición.

2. Solicitamos a los gobiernos locales y regionales que a falta de documentos patronales que certifiquen nuestro trabajo como PRODUCTORES para poder movilizar los alimentos sin romper con los canales ya establecidos, sea la RENAF quien emita un documento que avale nuestro trabajo como productores.

3. Nos comprometemos a buscar y participar de las soluciones que planteen las instituciones municipales y departamentales para actuar en articulación con estas medidas, permitiendo que nuestros canales puedan permanecer abiertos, continuando la atención de las familias con población vulnerable que esperan nuestros alimentos producidos bajo categorías sustentables de producción.

4. Invitamos a conformar en cada municipio la Mesa Municipal de Seguridad y Soberanía alimentaria, ya que no basta con una mesa de producción y distribución, que podría y debería ser la misma. Esto con sentido de lo público y la prevalencia del interés general sobre el particular. Teniendo en cuenta las ordenanzas y acuerdos municipales y en especial la iniciativa de Distritos Agrarios Municipales y Supramunicipales. Ver las ordenanzas 44/2014 y 16/2019. En esta mesa debe generarse un equipo de apoyo tecnológico para acopiar información, registro de datos, espacialización de datos en SIG y análisis tecnológico de información que ayude a tomar decisiones con información actualizada. La mesa, orientará y definirá procedimientos para funcionar, tomar decisiones y para definir asuntos como:
a) Precios de los productos, acorde a los costos de producción, trabajo, transporte, protección del agua y el suelo, ingreso indirecto familiar, impuestos, que genere un pago o precio justo por el fruto de su trabajo.
b) Apoyos para provisión de semillas, el establecimiento de plantuladeros con diversas especies, entrega de plántulas, de insumos agroecológicos para la producción
c) Propuestas para exenciones, auxilios y moratorias de obligaciones contraídas por las familias campesinas de cada municipio en deudas y/o empréstitos. Esto requiere el inventario y ajuste de la encuesta del Sisben y operativizarla con las UMATAS y Secretarias de Agricultura.
d) Crear un protocolo específico de bioseguridad para la Ruralidad, detallado, a la salida y entrada del pueblo, para la entrada y salida de cada finca, con capacitación y práctica de los productores, sus familias, trabajadores y transportadores de alimentos. Esto debe ser promovido por el Sistema Municipal de Gestión del Riesgo.

5. Proponemos crear una Mesa Subregional de Seguridad y Soberanía alimentaria con base en las municipales y con participación de nuestras organizaciones en el Oriente antioqueño. En esta, además de hacer las actualizaciones y análisis de la información, se tomarán decisiones. La Mesa Subregional generará propuestas y compromisos con instituciones regionales, especialmente CORNARE, PRODEPAZ, La Provincia, Cámara de Comercio y la Corporación Empresarial del Oriente, CEO, entre otras, para que orienten programas y proyectos de emergencia y a mediano plazo, para poner en marcha, en funcionamiento y con registros, el Sistema Regional de Seguridad y Soberanía Alimentaria y el Desarrollo Rural Sostenible del Oriente desde todos sus Planes de Acción.

6. Disponer de presupuesto para realizar inversiones prontas y ciertas frente a las decisiones que se tomen y lo que se requiera para mover el Sistema de Seguridad y Soberanía Alimentaria. Es preciso pasar pronto del discurso al hecho.

7. Promover con acciones concretas la planificación de siembras en las veredas y predios, con proyección de cosechas por semestre y su espacialización. Si es posible las ventas a futuro y la materialización de seguros de cosecha.

8. Identificar las organizaciones de productores campesinos y establecer criterios de apoyo económico, de insumos, de equipamientos, para la producción, el acopio, transformación y comercialización de alimentos, a precios justos.

9. Generar una propuesta de mejora continua del subsistema de aprovisionamiento y seguridad alimentaria a nivel municipal y regional, y prepararnos mejor para nuevas
amenazas de parálisis regional, departamental o nacional.

Finalmente llamamos a que los gobiernos locales, regionales y nacional se comprometan con una visión de largo plazo con la Agricultura Campesina Familiar y Comunitaria. Que se aproveche esta crisis para promover una reflexión ciudadana sobre la importancia estratégica de la producción de alimentos de nuestras comunidades, no solo como ejercicios productivos sino también de verdadera Economía solidaria y educación ambiental. A reconocer y fortalecer las propuestas organizativas rurales y las alianzas campo – ciudad que se han venido tejiendo, a pesar de la falta de políticas claras que permitan un verdadero Desarrollo Rural Integral, Territorial, con Seguridad y Soberanía Alimentaria.

PD: A pesar de que este es un comunicado abierto, las organizaciones campesinas que la suscribimos, esperamos haya respuesta institucional desde las alcaldías y la Institucionalidad regional. Para ello, solicitamos el favor de contactar a:

Doris Elena Suaza Suescún – Corporación CEAM.
Correo: doris.suaza@corpoceam.org
Tel. 3146309224

Teresa Agudelo – ASPHOR
Correo: asphor@gmail.com
Tel. 3113590403

Claudia Milena Giraldo Gómez – TEJIPAZ
Correo: cgiraldo@tejipaz.org
Tel. 312 296 8004

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