El reto de las Mujeres Cooperativistas

La inclusión hace referencia a toda actitud, acción o tendencia que busque integrar a las personas dentro de la sociedad, buscando que estas contribuyan con sus talentos y a la vez se vean correspondidas con los beneficios que la sociedad pueda ofrecer.
El cooperativismo como filosofía, principio y práctica es una alternativa distinta al actual modelo económico que se alimenta de la exclusión de gran parte de la población. Muchas Cooperativas han sido exitosas en lograr la inclusión social, expresada en lograr que la comunidad sea un lugar accesible para cualquier ciudadano, asegurando el ejercicio del bien común y la realización emocional, económica, profesional e intelectual que provee el sentimiento de pertenencia y aceptación en cualquier persona.
Si bien los avances y logros en temas de inclusión han sido grandes, aún queda un desafío que debe afrontar el movimiento cooperativo: La inclusión de la mujer. La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) sostiene que “las cooperativas deberían asegurar que en sus programas de educación y desarrollo de dirigentes, hasta donde sea posible, intervengan igual número de mujeres y de hombres”.

Estrategias para la inclusión de la mujer

Entre algunas de las propuestas y estrategias expresadas por diferentes autores para afrontar el desafío de la inclusión femenina en el cooperativismo se pueden destacar las de las profesoras Novarese, Montes y Ressel, de la Universidad de La Plata en Argentina:

– Analizar los estatutos, reglamentos y normas internas de cada organización cooperativa, corrigiendo o creando nuevas normativas que se opongan a la igualdad de la mujer y el hombre.

– Asegurar que en los programas de educación y desarrollo de dirigentes, hasta donde sea posible, intervengan igual número de mujeres y hombres.

– Profundizar la reflexión sobre “género” y promover su difusión a través de los medios de comunicación de las cooperativas.

– Conocer los factores que limitan el acceso de las asociadas y colaboradoras a cargos directivos y emprender planes para disminuirlos y eliminarlos.

– Garantizar la práctica efectiva de los valores y principios cooperativos que aseguren la igualdad de oportunidades y trato a las mujeres y a los hombres, sin discriminaciones de ninguna índole.

Si bien la inclusión de las mujeres en el movimiento Cooperativo es aún una asignatura pendiente, es importante reconocer que de igual forma se ha abonado un gran terreno, aportando a la situación de las mujeres principalmente en estas tres vertientes:

– Creación de empleo: Las Cooperativas han sido consideradas como un instrumento idóneo para la creación de nuevas empresas. Muchas mujeres han considerado que la creación de una cooperativa les da la oportunidad de ser propietarias y líderes de una empresa.

– Condiciones de trabajo: Las Cooperativas ayudan a mejorar las condiciones de trabajo de las personas asociadas. De esta manera, las mujeres tienen posibilidad de aumentar el control sobre su trabajo y sus finanzas, potenciando su desempeño laboral y su satisfacción personal.

– Participación en la gestión: Un sistema de gestión participativa puede favorecer el rol de la mujer en las empresas solidarias. En este aspecto el sector Cooperativo del Oriente Antioqueño, ha dado unos pasos importantes, pues se reconoce la gestión gerencial en algunas Cooperativas que son dirigidas por Mujeres.

El potencial de las cooperativas en la consecución de la igualdad de oportunidades es intrínseco de sus valores básicos y en las estructuras organizativas, es decir, en los propios fundamentos de la cooperativa. Por su propia naturaleza y sus principios cooperativos, la cooperación ha ayudado a mejorar las condiciones sociales y económicas de muchas mujeres en muchos lugares del mundo.

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