Por: Oswaldo León Gómez

La economía solidaria tiene como principio, la satisfacción y el desarrollo humano, horizonte que es capaz de construir otras formas de sociedad, donde lo colectivo es fundamental.

Con frecuencia frente al uso irracional del dinero es fácil escuchar expresiones que cuestionan: ¿somos aún seres humanos o solo consumidores?, un interrogante que delata que el dinero no se está utilizando como fuente para encontrar los caminos del bienvivir, si no en responder automáticamente a las ofertas del mercado, revestidas de la novedad de la moda y las marcas, desprovisto en resumen, de cualquier preocupación ética, promueven el invertir sin pensar y el exceso en lo que no se necesita; su interés se centra en estimular las ventas y las utilidades, no importa el beneficio real de las personas.

Son muchas las fuentes que señalan que la economía financierista es 10 veces la economía real, característica que pone en grave riesgo la economía sustentada en el crecimiento por el crecimiento, lo que conlleva las burbujas propias de un modelo de especulación del capital, donde el crédito es un aliado fundamental, no para resolver necesidades básicas sino para consumir, el nuevo arte de la manera como los individuos entendemos, practicamos y valoramos la vida.

Tanto la cultura del capital, como la economía que deriva, soportada en el objetivo y el interés por la generación de ganancia, ha hecho del mundo contemporáneo uno de vértigo en el que las dinámicas de la producción y consumo no dan tregua a la reflexión y la construcción de sentidos que conduzcan categóricamente al bien vivir de todas las personas.

En contrario, para las cooperativas, conforme a su naturaleza solidaria y preocupación por sus asociados, ahorradores y la comunidad, hay una postura que está invitando de manera coherente al consumo responsable, el comercio justo, la intermediación financiera solidaria, a poner pausa a la acción cotidiana que te seduce a consumir ya, sin tregua y que te alarga el bolsillo con el crédito, adornado con la apariencia beneficiosa de largo plazo para el pago.

La economía solidaria tiene como principios la satisfacción y el desarrollo humano, horizonte que es capaz de construir otras formas de sociedad, donde lo colectivo es fundamental.
Esto fundamentado en un valor esencial para todo proyecto colectivo: La Confianza.

Confiar, como valor y verbo, es un camino extraordinario para construir sociedades con mayores certezas. La confianza de unos con otros hace posible hasta lo imposible, llena la vida de esperanza y nos quita el miedo. Pero hoy, la confianza está tan fracturada, por intereses de generar inseguridad y reducir las certezas, todo por el camino de la mentira, que parece haber perdido su valor.

La confianza es un factor de seguridad, solo el que confía en lo que hace, en sus capacidades y en el otro está seguro. Raro país es Colombia, donde en medio de esta asimetría humana por la falta de confianza que nos lleva a la polarización extrema, frente la pregunta de si se sienten orgullosos de ser colombianos contestan inequívocamente que sí el 92,1%, y seamos además, de acuerdo con otros estudios, un país con indicadores de felicidad alta.

A propósito de la famosa frase “no todo lo que brilla es oro”, este poema de Samuel Vázquez, para poner el filtro de la palabra poética, a este mundo, que con la publicidad y el formato del centro comercial nos deslumbra.

Ver es poner luz..

Ver es poner sombra…

Poner luz a lo que se nos esconde…

Poner sombra a lo que nos encandila, a lo que nos deslumbra.

Fuente: La República

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