La pandemia del Covid 19 ha generado una crisis económica y social de consecuencias inconcebibles. La CEPAL establece que la actual crisis es diferente a las anteriores, no solo es financiera, sino que implica al ser humano, la producción y el bienestar de las colectividades, la misma institución prevé una caída del PIB en toda América Latina. Frente a esta situación, lastimosamente, se está buscando salvar al capital, protegiendo a las empresas y la banca; en desmedro del empleo, la salud, la educación y la alimentación en la población más vulnerable.

Pero no todo es desolación, la economía solidaria se encuentra movilizada, alrededor del mundo y del continente americano, pues en estos tiempos se han activado una serie de acciones solidarias que tienen el objetivo de asegurar la vida. Esta economía tiene un acumulado histórico que se concretiza en saberes y prácticas que la convierten en un referente de humanización, particularmente en estos tiempos tan convulsos.

En la actual crisis de la pandemia del Covid 19 las organizaciones de la economía solidaria han activado, por su experiencia y su organización social, una serie de iniciativas de solidaridad, entre otras podemos mencionar: la elaboración de canastas solidarias agroecológicas; la donación de productos alimenticios para las personas más necesitadas; se ha fortalecido el trueque en diversas comunidades; se está produciendo mascarillas y kits de protección para ser donadas a centros médicos y personal sanitario; entre otras acciones.

Este artículo propone algunas propuestas solidarias, las mismas que son parte de las experiencias, reflexiones y prácticas que el Movimiento de Economía Social y Solidaria ha realizado, entre otras iniciativas podemos mencionar:

Para las familias y comunidad

Promover en los barrios y comunidades grupos de consumidores con el objetivo de realizar compras en conjunto, por las experiencias existentes de canastas solidarias en barrios populares, al realizar compras de los productos al por mayor se puede bajar el costo de la canasta básica en un 30 % de su valor. Además, que se puede redirigir las compras a productos agroecológicos que tienen mayor valor proteínico e incrementa nuestra capacidad inmunológica.

Es necesario promover el consumo consciente y solidario, dirigiendo nuestras compras a bienes y servicios que provengan de la economía popular y solidaria, que sean de la localidad y de pequeños productores. Esto es importante ya que con nuestra compra ayudamos a conservar el empleo local y mejorar las condiciones económicas de las familias.

Impulsar con los vencimos del barrio y  familias cajas de ahorro y bancos comunales, en estos momentos en que las finanzas familiares están venidas a menos. Estas formas solidarias de promover el ahorro y el crédito permiten dinamizar nuestras economías, fomenta nuevos emprendimientos y ayuda a las familias que se encuentran en situaciones financieras difíciles.

Es necesario compartir e intercambiar saberes y oficios entre las familias y los vecinos de la comunidad. Una buena alternativa son los “Bancos del Tiempo” en donde se pone a disposición nuestro tiempo para compartir nuestras capacidades sin tener que recurrir al dinero.

Organizar grupos y plataformas de trueque que faciliten el intercambio de bienes y servicios, en casa tenemos muchas cosas para intercambiar con nuestros vecinos y familiares. El trueque es una tradición que se encuentra muy arraigada en la cultura de algunos países de América latina, pero se necesita del impulso para su concreción.
Se puede crear monedas alternativas, esta herramienta es importante para facilitar el intercambio en comunidades en donde el dinero convencional es escaso. Las monedas alternativas devuelven al dinero su función social como herramienta para el intercambio, entrega liquides a las localidades y se relaciona con la economía real.

Propuestas hacia el gobierno

El gobierno debe implementar un programa de reactivación económica para asegurar la soberanía alimentaria. Es importante canalizar créditos sin intereses para la economía familiar campesina y en particular a la producción agroecológica.

Los gobiernos locales deben promover centros de acopio y transferencia de productos alimenticios de la economía popular y solidaria, actualmente las organizaciones de productores tienen muchos problemas de comercializar sus productos. Estos centros de acopio facilitan la elaboración de canastas solidarias que luego se podrá redistribuir por diversos canales a la ciudadanía. Es vital que los gobiernos locales apoyen en la transportación de sus productos.

Finalmente, es necesario reactivar redes de colaboración con entidades académicas, las cuales tienen un potencial que permite fortalecer al sector solidario. Las universidades pueden potencializar el consumo solidario entre los docentes y estudiantes; se puede crear incubadoras para apoyar la creación de nuevos emprendimientos solidarios, con estudios de mercado, planes de negocios y con apoyo técnico para conseguir patentes y registros sanitarios.

Este tiempo brinda una oportunidad para fortalecer las relaciones de solidaridad y reciprocidad. La búsqueda de salidas colectivas a los problemas que nos toca enfrentar es una tarea indispensable, las organizaciones de la economía solidaria y las comunidades campesinas ya se han activado; pero es necesario ampliar la solidaridad al resto de la población.

 

Jhonny Jiménez

Docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central y activista del MESSE

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